Karl Marx y Federico Engels. Manifiesto del
Partido Comunista (Fragmentos)
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¿Sobre
qué base descansa la familia burguesa en nuestra época? Sobre el capital, el provecho
individual. En su plenitud, la familia no existe sino para la burguesía, que
encuentra su complemento en la supresión forzosa de toda familia
para el proletario y en la prostitución pública. La familia burguesa se
desvanece naturalmente con el desvanecimiento de su complemento necesario, y
una y otra desaparecen con la desaparición del capital.
¿Nos reprocháis el querer abolir la
explotación de los niños por sus familias? Confesamos este crimen.
Pero nosotros quebrantamos, decís, los lazos más
sagrados, sustituyendo la educación de la familia por la educación de la
sociedad.
Y vuestra educación, ¿no está también determinada
por la sociedad, por las condiciones sociales en que educáis a vuestros hijos,
por la intervención directa o indirecta de la sociedad en la escuela, etc.? Los
comunistas no inventan esta injerencia de la sociedad en la instrucción; no buscan
sino cambiar el carácter y arrancar la educación de la influencia de la clase
dominante.
Las declamaciones burguesas sobre la familia
y la educación, sobre los dulces lazos que unen al niño con sus familiares,
resultan más repugnantes a medida que la gran industria destruye todo vínculo de
familia para el proletario y transforma a los niños en simples objetos de
comercio, en simples instrumentos de trabajo.
De la burguesía entera se eleva un clamor: ¡Vosotros,
comunistas, queréis establecer la comunidad de las mujeres! Para el burgués su
mujer no es otra cosa que un instrumento de producción. Oye decir que los instrumentos
de producción deben ser puestos en común, y deduce naturalmente que hasta las mujeres
pertenecerán a la comunidad.
No sospecha que se trata precisamente de asignar
a la mujer un papel distinto del de simple instrumento de producción. Nada más
grotesco, por otra parte, que el horror ultramoral que inspira a nuestros
burgueses la pretendida comunidad oficial de las mujeres que atribuyen a los
comunistas. Los comunistas no tienen necesidad de introducir la comunidad de
las mujeres: casi siempre ha existido.
Nuestros burgueses, no satisfechos con tener
a su disposición las mujeres y las hijas de los proletarios, sin hablar de la
prostitución oficial, encuentran un placer singular en encornudarse mutuamente.
El matrimonio
burgués es en realidad la comunidad de las mujeres casadas. Todo lo más de que
podría acusarse a los comunistas sería de querer poner en el lugar de una
comunidad de las mujeres hipócritamente disimulada una comunidad franca y oficial.
Es evidente, por otra parte, que con la abolición de las relaciones de
producción actuales, de las cuales deriva la comunidad de las mujeres, desaparecerá
la prostitución oficial y privada.
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